De los aportes más importantes de Freud, ha sido la Teoría de la Libido, explicativa de las fases del desarrollo psicosexual de la personalidad. El bebé desde que nace es un ser sexual; de hecho, nacemos de una relación sexual de dos seres que en lo ideal se aman. Pero en lo biológico estricto, pues nacemos de un contacto sexual entre dos seres biológicamente complementarios. Freud planteaba que esa energía denominada libido, recorría y se concentraba en diferentes zonas del cuerpo, permitiendo, por ejemplo en la boca (Etapa Oral) sobrevivir a través del reflejo de succión, pero también sentir placer. Posteriormente se desplaza y predomina en la región anal, etapa que lleva su nombre (Etapa Anal) y luego en la zona genital. Se desplaza hacia esas zonas, haciéndose predominante en ellas, pero no dejando del todo las anteriores, siendo cada etapa determinante en la formación de la personalidad.
La posición esquizo-paranoide se caracteriza porque el bebé no reconoce “personas” sino que se relaciona con “objetos parciales” experimentando sensaciones de ansiedad paranoide. El reconocimiento de la madre como “objeto total” marca el comienzo de la posición depresiva, caracterizada por la relación con “objetos totales” y el predominio de la integración, la ambivalencia y la ansiedad depresiva y culpa. El termino “posición” lo utiliza Klein para aclarar que no es una etapa o fase, sino que implica una configuración específica de relaciones objetales, ansiedades y defensas, persistente a lo largo de la vida, pudiendo el individuo oscilar entre ambas posiciones a lo largo de su vida, pues ciertas ansiedades paranoides y depresivas siguen siempre activas en la personalidad, pero cuando el yo está suficientemente integrado ha establecido una relación relativamente firme con la realidad y la utilización de los mecanismos de defensa mas efectivos (neuróticos en vez de psicóticos), avanzan a medida que continúan los procesos integradores iniciados durante la posición depresiva, disminuyendo así la ansiedad y poniendo en práctica mecanismos de defensa mucho mas sanos y efectivos como la reparación, la sublimación y la creatividad.
Por supuesto que estos objetos internos no son “objetos” situados en el cuerpo o en la psique. Melanie Klein está describiendo las fantasías inconscientes que la gente hace sobre lo que contiene, y la fantasía inconsciente viene siendo en última instancia la expresión mental de los instintos y por consiguiente existe, como estos, desde el comienzo de la vida misma. Desde el momento del nacimiento el bebé se tiene que enfrentar al impacto de la realidad, que comienza con la experiencia del nacimiento y continúa con innumerables experiencias de gratificación y frustración de sus deseos. Es así como el ambiente tiene importantísimos efectos sobre el desarrollo del niño; pero hay que tener en cuenta que independientemente de lo “bueno” o “malo” del ambiente, la importancia del mismo hay que evaluarla en función de cómo lo interpreta el bebé en función de sus propios instintos y fantasías. Y esto es de suma importancia, ya que este mismo enunciado es aplicable perfectamente a la influencia del ambiente en la vida adulta; dependiendo de la actitud del individuo hacia el mismo, este le será favorable o desfavorable, según su interpretación y manejo.
Para que de la posición esquizo-paranoide se pase a la posición depresiva, normalmente, es condición previa necesaria que las experiencias buenas predominen sobre las malas, contribuyendo a este predominio tanto factores internos como externos, haciendo el Yo un balance positivo y predominando el instinto de vida sobre el instinto de muerte, y enfrentándose de manera adecuada a las ansiedades y agresiones.