Poseemos una mente donde asientan los procesos del pensar y del sentir; origen de nuestra conducta, de nuestros conflictos, alegrías y pesares, y cuya influencia sobre los procesos de salud y enfermedad de nuestro cuerpo están hoy en día muy bien identificados. En nuestra mente reside el Yo o Ego.
También poseemos un alma, que nos confiere la condición de seres espirituales y que nos impone la necesidad de la fe; de creer en lo que no puede ser visto, pero de lo cual a veces solo nos damos cuenta al caer en la idea de nuestra condición de finitud, por lo menos desde el punto de vista de nuestro cuerpo físico. “Yo no creo en Dios ni nada de eso” decía alguien, “pero todas las mañanas me encomiendo para que me vaya bien; no se a quien, simplemente me encomiendo”
El pasado nos deprime, así esté colmado de buenos recuerdos, el hecho de que ya no existan nos entristece. El futuro nos angustia, nada ni nadie puede predecirlo con absoluta certeza, siendo de por si incierto; por eso nos angustia, cualquier opción pensada o no, puede suceder. Ansiedad y depresión, son los dos motivos mas frecuentes en la consulta de un psiquiatra, de un psicoterapeuta hoy en día.
Es necesario cultivar la "consciencia del presente" Todos los grandes místicos esta es una premisa en la que coinciden. Sin embargo, si bien en la teoría eso lo podemos entender, el problema es cómo llevarlo a cabo en la práctica. Este bello relato de un alumno y su maestro Zen nos ilustra lo que quiero transmitir:
Ningún alumno Zen se atrevería a enseñar
a los demás hasta haber vivido con su
Maestro al menos durante diez años.
Después de diez años de aprendizaje,
Tenno se convirtió en maestro.
Un día fue a visitar a su antiguo Maestro
Nan-in. Era un día lluvioso, de modo
que Tenno llevaba cholas de madera
Y portaba un paraguas.
Cuando Tenno llegó, Nan-in le dijo:
"Has dejado tus cholas y tu paraguas
a la entrada, ¿no es así?
Pues bien: ¿Puedes decirme si has
colocado el paraguas a la derecha
o a la izquierda de las cholas?"
Tenno no supo responder y quedó confuso
se dio cuenta entonces de que no había
sido capaz de practicar la Consciencia
Constante. De modo que se hizo alumno
de Nan-in y estudió otros diez años hasta
obtener la Consciencia Constante.
El hombre que es constantemente consciente, el hombre que está totalmente presente en cada momento: ése es el Maestro.
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