miércoles, 15 de septiembre de 2010

Aportes de Freud. Parte II: Mecanismos de Defensa del Yo

Otro de los conceptos fundamentales a entender es el de los Mecanismos de Defensa del Yo: tal y como mencionamos anteriormente, las funciones del Yo son las de servir de mediador entre las normas del Super-Yo, las necesidades instintivas del Ello y el Ambiente; y para eso se vale de los mecanismos de defensa, que por definición son procesos de naturaleza inconsciente y entre los cuales tenemos en primer lugar la Represión: es decir, cualquier deseo que nos venga a la mente y que por inadecuado no lo podamos satisfacer, pues se "reprime" y se guarda en el inconsciente. Este es uno de los mecanismos mas primarios, comunes y no tan efectivos, ya que al reprimir fuertemente un deseo intenso, este quedará en el inconsciente pero ejerciendo fuerte presión para salir y realizarse. Por eso es que son tan peligrosas las posiciones y conductas extremistas, rígidas, fanáticas; en el inconsciente está guardado exactamente lo opuesto y con la misma intensidad. No es que entonces no haya normas, hagamos lo que nos de la gana; estoy hablando de un proceso mental. Lo paradójico es que mientras mentalmente menos reprimimos algo, independientemente que lo hagamos, lo realicemos en la práctica o no, eso ya pierde fuerza, pierde intensidad y no nos angustia, no nos atormenta tanto. Aceptarlo y entenderlo es lo fundamental; lo sano, saber que ese deseo, ese impulso, ese sentimiento está allí; tratar de comprenderlo y ese es un paso importante en el logro de que eso mismo no nos traicione. En la medida que menos reprimamos mentalmente, mucho menos es la probabilidad de que lo reprimido lo actuemos en la realidad, lo convirtamos en hechos, lo llevemos a cabo. La ira, la rabia por ejemplo, si logramos en primer lugar aceptarla: la sentimos y razones tendremos para ello, y si en segundo lugar la comprendemos, con mucha seguridad no la actuaremos, no seremos víctima de ella, ni haremos víctimas los demás.


Lo importante es que entendiendo el funcionamiento de la mente, sabremos si lo que nos está sucediendo es el resultado de nuestras proyecciones o no, de nuestro inconsciente o de la “verdad verdadera”, así podremos entender la esencia de las cosas y aceptarlas sin el peso del perjuicio y del conflicto de nuestra propia mente, pudiendo responder de la manera mas adecuada y no actuar impulsivamente.


Uno de los mecanismos de defensa más importante para lo que quiero desarrollar, es el de la Proyección. Es por medio de la proyección, básicamente, que nos relacionamos con los demás. Todo lo que comentamos, criticamos, admiramos o elogiamos de los otros, no son sino proyecciones de contenidos de nuestra mente. ¿Por qué una persona nos va a parecer simpática, nos va a “caer bien” y otra persona nos parece antipática y nos cae mal? No la conocemos; de una ya la juzgamos, le adjudicamos cantidad de características, que no son sino simplemente reflejos absolutamente míos, personales; extraídos del pasado y reeditados en el momento presente.
Somos, a través de nuestra mente, como una gran cámara de cine que constantemente proyecta, y los demás, nuestro entorno son puras pantallas que reflejan nuestras proyecciones. Y esto lo hacemos de manera constante y permanente.
Este juzgar a priori no es más que una barrera, un prejuicio originado en nosotros mismos y que se opone a la comprensión, a la originalidad, a lo espontáneo y a lo verdadero.
El hecho es que al hacer conscientes nuestras proyecciones y “recogerlas” podemos llegar a ver la verdad última, la verdad verdadera de los hechos y las personas, sin la contaminación de nuestro inconsciente, pudiendo así llegar a la verdad última, a la esencia de todas las cosas y de lo que nos rodea.

Otro mecanismo de defensa lo constituye la Negación, también no de los más sanos, porque implica el no reconocimiento de que experimentamos un determinado deseo, o tenemos una pena; pero igual, así neguemos una situación, la misma va a permanecer no reconocida y las posibles soluciones ni siquiera seremos capaces de vislumbrarlas. Para mandar a reparar algún objeto dañado, primero tenemos que identificar que está dañado, pues igual sucede a nivel emocional. Para superar algo, para resolver un conflicto, primero debo reconocerlo, identificarlo y tratar entonces de solventarlo. En psicoterapia este es uno de los primeros pasos en el trabajo, el poder asumir como nuestros aquellos sentimientos y sensaciones que no queremos aceptar que nos pertenecen.

Existen otros mecanismos de defensa del Yo como son: La Conversión, donde la carga emocional reprimida es desviada a través del sistema nervioso y se expresa en síntomas somáticos totalmente funcionales, es decir, sin correlato físico demostrable tales como ceguera, parálisis, afonias. Es muy frecuente ante situaciones agudas de conflicto. La Regresión, basada fundamentalmente en la tendencia a adoptar conductas de mayor satisfacción y menos responsabilidad en situaciones conflictivas. Se observa muy frecuentemente cuando nos enfermamos y adoptamos actitudes infantiles y demandantes con respecto a las personas que nos rodean, con el objeto de obtener atención y consentimientos exagerados. La Conversión en lo Contrario, otro mecanismo de defensa del Yo, consiste en reemplazar una idea o sentimiento rechazado por su opuesto. Un ejemplo consistiría aquella persona que siente un odio muy grande hacia determinado individuo, y cuando se encuentra co él, no hace sino de manera muy exagerada, manifestarle lo mucho que lo quiere y lo aprecia, pudiendo llegar hasta la adulación. La Intelectualización, que consistiría en la utilización de conceptos intelectuales o abstractos para justificar o impedir ideas o sentimientos con una repercusión emocional desagradable, intolerante para nosotros mismos. En la Racionalización, otro de los mecanismos de defensa del Yo se justifica, mediante razones “lógicas” sentimientos, pensamientos y/o conductas realmente rechazadas o repudiadas por el individuo de manera inconsciente. Ejemplo de ello sería aplicar normas o castigos implacables o injustificados en “bien” de la sociedad o determinado sujeto. Desplazamiento, este es el mecanismo que explica por excelencia la psicodinámia de las fobias. Se dice que en las fobias no es al “objeto fóbico” a lo que se le tiene el miedo, el pánico; es a otro objeto, a otra situación pero se “desplaza” hacia el denominado “objeto fóbico”. El ejemplo mas claro lo tenemos en el miedo a los ascensores. Quién no se ha quedado encerrado en un ascensor? Pero no todos los que nos hemos visto en esa situación le tenemos pánico a los ascensores y no utilizamos el elevador. En las fobias y en las obsesiones es donde el mecanismo del desplazamiento desempeña su papel fundamental. En la Literatura Freudiana es clásico el “Caso Juanito” en donde a través del análisis se llega a la conclusión de que el miedo de Juanito a los caballos era consecuencia del desplazamiento del intenso miedo reprimido hacia su papá, lo cual hacía que temiendo al caballo, disminuyera o se eliminara la angustia hacia el padre.
El mecanismo de defensa mas “evolucionado” y efectivo es la Sublimación. A través del mismo se trasciende el conflicto anulando de manera efectiva la angustia. Es típico por ejemplo el caso de artistas, que subliman a través de su arte impulsos hostiles reprimidos. El sacerdote con sus votos de castidad que vive y siente de manera total y absoluta so celibato, sin que le cause conflicto. Es muy diferente a la represión, que tarde o temprano siempre nos termina traicionando y por la constante necesidad de los impulsos de emerger del inconsciente. El impulso es canalizado hacia una forma mas aceptable y derivándose hacia un nuevo fin.


Es necesario insistir en el concepto de los mecanismos de defensa como procesos psíquicos inconscientes y automáticos que tienden a evitar la presencia en la consciencia de ideas y emociones desagradables o displacenteros para el individuo, disminuyendo así la angustia del sujeto. No necesariamente denotan patología; sirven para lograr el equilibrio necesario entre el Ello el Super Yo y el ambiente. Es su exageración y su prolongación en el tiempo lo que generalmente los hace útiles o perjudiciales para en función de nuestra conducta a y adaptación al medio. Por supuesto que donde mas claramente podemos apreciar el “funcionamiento” de los mecanismos de defensa es en lo referido a la ira, la rabia y la sexualidad.
 
Somos seres eminentemente sexuales, desde que nacemos hasta que morimos. Pero sexualidad no en el sentido exclusivo de la genitalidad, sino sexualidad en el sentido de energía vital, creadora, productiva y reproductiva también. Toda la naturaleza es sexual: las plantas, los animales, existen y se reproducen gracias a esa energía positiva y procreadora que es la energía sexual.
Pero allí es que lo represivo causa mayores inconvenientes. En primer lugar, repito, somos seres sexuales, esa es nuestra naturaleza básica, y esto es fundamental; sin embargo cuantas calamidades trae la sexualidad: seres concebidos que no se quieren, muertes, enfermedades, desgracias, traiciones etc. Lo reprimimos, entonces nos volvemos más sexuales que nadie. No habrá
mas nada en la mente que sexo; pero sexo atormentador, no sano. El punto es que en primer lugar hay que aceptarlo; es nuestra naturaleza. En segundo lugar hay que asumirlo. Es para nuestra gracia, no para nuestra desgracia. Es la fuente creadora, no solo de otros seres humanos, sino de todo cuanto es vida. Es la sexualidad, que va mucho más allá del acto sexual carnal. Asumiéndolo madurará en nosotros, será fuente de vida y bienestar, no se constituirá en la génesis de un conflicto que nos acompañará toda la vida interfiriendo tanto en nuestra cotidianidad como en los actos mas trascendentales, sino más bien ayudando, haciéndolos y haciéndonos mas naturales. Incluso, podemos llegar a transformarlo a sublimarlo, a convertir esa energía en fuente de amor más allá de lo físico, carente de conflicto. Recordemos que esto lo describimos a manera de entenderlo, conceptualizarlo; pero son aspectos inconscientes, de los cuales no nos damos cuenta fácilmente. A través de la terapia, recordemos lo que postulaba Freud y que es un principio fundamental: hacer consciente el inconsciente, identificamos los contenidos ocultos de nuestra mente y probablemente lograremos que nos causen menos conflictos, por lo menos inconscientes y pulsen con menos presión el salir. Es como una olla de presión, al dejar salir un poco el vapor y de manera progresiva, la presión desde el fondo va disminuyendo, este sería un ejemplo de un fenómeno físico que grafica bastante bien lo que sucedería con la mente.
Siempre existe la fantasía de que si no reprimimos, caemos en el extremo opuesto. En el caso del sexo, el libertinaje, la promiscuidad, el desenfreno; sin embargo, si mentalmente dejamos la represión, también podremos, asumiendo lo reprimido ubicarnos, a través del cese del conflicto y la presión, en el punto más conveniente para nosotros, en el punto medio, que representa el equilibrio y la felicidad. Prohíbe algo, y ese algo se convertirá en lo más deseado. ¿Por qué los diabéticos están siempre deseando y comiendo dulces escondidos? Seguro que antes de serlo no abusaban tanto del dulce, pero basta con restringírselo, entonces ahora ninguna cantidad es suficiente. Seamos flexibles, probablemente podemos disfrutar de todo en su justa medida.

En el sexo de nuevo es que entendemos esto mejor. No se trata de quedarnos en una sexualidad animal, por algo somos humanos; pero tampoco es vía de la represión, sino de la evolución y la maduración que en todo caso lo iremos asumiendo, superando o trascendiendo. La sexualidad madura es la que va ligada al amor y comprensión del otro. Hay personas religiosas que subliman y trascienden de manera definitiva la sexualidad. Son seres con un desarrollo espiritual superior, en un plano superior, en los que el sexo se ha volcado enteramente en el amor hacia el prójimo, en consonancia con la totalidad universal. Mas adelante tocaré de nuevo este punto. Al asumir lo propio como nuestro y no reprimirlo, sino aceptarlo y cesar las proyecciones, se acaba el conflicto. Es así de simple y así de complejo a la
vez, y un primer paso, es el trabajo psicoterapéutico. Pongamos por ejemplo práctico la rabia; generalmente o la actuamos y probablemente hagamos mucho daño a los que nos rodean, o la reprimimos y nos haremos mucho daño a nosotros mismos. Entonces ¿qué hacer con ella? En primer lugar aceptar que la sentimos, probablemente tendremos sobradas razones para ello, en consecuencia es importante tratar de entenderla y preguntarnos si realmente lo que nos originó ese sentimiento vale la pena que invirtamos tal cantidad de energía en ello. Observémonos: ese sentimiento, la mayoría de las veces injustificado repercute en nuestro cuerpo a nivel de las funciones vitales; nos producirá taquicardia, hiperventilación etc. Una serie de reacciones fisiológicas dañinas e innecesarias. Si logramos ir más allá, veremos que lo que la rabia oculta es miedo, amenaza; y si lográramos transformar ese sentimiento en algo positivo, probablemente lo que surja de la rabia y del miedo, sea la compasión.
No nos juzguemos. No condenemos nuestros sentimientos. Hagámoslos conscientes, aceptémoslos y los transformaremos. Así entenderemos al final que el otro no es que quiere que nos enfademos, actúa así por ignorancia, porque no puede hacerlo diferente. Al reprimir, la mente se divide: una parte, la que aceptamos (la no-rabia) que da en la consciencia, pero la otra (la rabia) va al inconsciente y allí queda y va creciendo, pero recordemos que es un inconsciente dinámico, siempre ese sentimiento reprimido estará tratando de aflorar a la consciencia y se manifestará en la mayoría de nuestros actos, en toda nuestra conducta. Mientras menos la reconozcamos, mas posibilidad habrá de que nos traicione y la actuemos sin darnos cuenta.
No es necesario actuar la rabia, agredir; el hecho de aceptarla y tratar de comprenderla; el hecho de hacerla consciente y observarla, ya la transforma. La psicoterapia te ayuda a buscar en el adentro las causas de tus emociones, sentimientos y pensamientos. Es el comienzo de un “mirar hacia dentro” Algunas técnica sin embargo tratan de la rabia diferente, desde el afuera: toma una almohada y pégale, esa es tu madre, tu padre, tu jefe..etc. No es que no sirvan, pero son niveles de trabajo, útiles en el manejo de la rabia cruda; pero no es conveniente solo quedarse en ese nivel, hay que profundizar (hacia adentro) en el sentimiento y en sus causas profundas, verdaderas y esenciales.

Lo importante es que entendiendo el funcionamiento de la mente, sabremos si lo que nos está sucediendo es el resultado de nuestras proyecciones o no, de nuestro inconsciente o de la “verdad verdadera”, así podremos entender la esencia de las cosas y aceptarlas sin el peso del perjuicio y del conflicto de nuestra propia mente, pudiendo asi responder de la manera mas adecuada y no actuar impulsivamente.

martes, 7 de septiembre de 2010

Aportes de Freud

El descubrimiento básico de Freud fue el del Inconsciente, es decir, aquella parte donde el ser humano guarda todo lo que no es conciente, incluyendo los instintos y las pulsiones. Pero esta parte tiene la peculiaridad que no es estática, sino que es un Inconsciente Dinámico; es decir, que constantemente está tratando de aflorar a la otra parte que sería la Consciencia. Entre el consciente y el inconsciente existe el Pre-Consciente, donde asientan recuerdos de más fácil acceso a la conciencia, que los que están en el Inconsciente.


Entre sus aportes mas importantes a la psicología está la estructura del Aparato Psíquico, el cual está compuesto por el Ello, el Yo y el Super Yo. El Ello, sería la parte donde asientan los instintos, las pulsiones; las manifestaciones propias de la especie. El Super Yo, vendría siendo lo normativo, lo que nos inculcan nuestros padres; y El Yo (o el Ego) constituye el elemento fundamental de de la conducta consciente, la razón, lo voluntario, teniendo constantemente que llegar a acuerdos o transacciones entre los deseos pulsionales del Ello, las prohibiciones del Super Yo y las exigencias del ambiente donde nos desenvolvemos.
 
Lo más importante de esto, es que la mayor parte de nuestra conducta está determinada por influjos provenientes del Inconsciente, de los cuales no nos damos cuenta "a simple vista". Freud decía que lo fundamental de la terapia era: "hacer consciente lo inconsciente". Todo el conocimiento está ligado a la consciencia, y lo inconsciente puede sernos conocido al hacerlo previamente consciente. Al conocernos mas nosotros mismos, entendiéndonos en sinceridad con nosotros mismos y comprendiéndonos, nos aceptamos tal y como somos; nos hacemos mas espontáneos, naturales, únicos y flexibles, y de esa manera mas felices en el aquí y ahora que es lo más importante.
 
Por otro lado, el Ello y el Super Yo, son fundamentalmente inconscientes; mientras que el Yo viene siendo una parte del Ello modificada por la influencia del ambiente y del Super Yo y fundamentalmente conciente. Situándose Freud en el punto de vista de la restricción de los instintos, o sea de la moralidad, Freud decía: " El Ello es totalmente amoral; el Yo se esfuerza en ser moral, y le Super Yo puede ser Hiper-moral y hacerse entonces tan cruel como el Ello".(obras completas tomo I 1232).

lunes, 6 de septiembre de 2010

La estructura de la Mente

Comenzaré con algunos apuntes basados fundamentalmente en los estudios de Sigmund Freud, Melanie Klein y Carl Gustav Jung, sobre la estructura de la mente.

Poseemos una mente donde asientan los procesos del pensar y del sentir; origen de nuestra conducta, de nuestros conflictos, alegrías y pesares, y cuya influencia sobre los procesos de salud y enfermedad de nuestro cuerpo están hoy en día muy bien identificados. En nuestra mente reside el Yo o Ego.

También poseemos un alma, que nos confiere la condición de seres espirituales y que nos impone la necesidad de la fe; de creer en lo que no puede ser visto, pero de lo cual a veces solo nos damos cuenta al caer en la idea de nuestra condición de finitud, por lo menos desde el punto de vista de nuestro cuerpo físico. “Yo no creo en Dios ni nada de eso” decía alguien, “pero todas las mañanas me encomiendo para que me vaya bien; no se a quien, simplemente me encomiendo”

El pasado nos deprime, así esté colmado de buenos recuerdos, el hecho de que ya no existan nos entristece. El futuro nos angustia, nada ni nadie puede predecirlo con absoluta certeza, siendo de por si incierto; por eso nos angustia, cualquier opción pensada o no, puede suceder. Ansiedad y depresión, son los dos motivos mas frecuentes en la consulta de un psiquiatra, de un psicoterapeuta hoy en día.

Es necesario cultivar la "consciencia del presente" Todos los grandes místicos esta es una premisa en la que coinciden. Sin embargo, si bien en la teoría eso lo podemos entender, el problema es cómo llevarlo a cabo en la práctica. Este bello relato de un alumno y su maestro Zen nos ilustra lo que quiero transmitir:

Ningún alumno Zen se atrevería a enseñar
a los demás hasta haber vivido con su
Maestro al menos durante diez años.
Después de diez años de aprendizaje,
Tenno se convirtió en maestro.
Un día fue a visitar a su antiguo Maestro
Nan-in. Era un día lluvioso, de modo
que Tenno llevaba cholas de madera
Y portaba un paraguas.
Cuando Tenno llegó, Nan-in le dijo:
"Has dejado tus cholas y tu paraguas
a la entrada, ¿no es así?
Pues bien: ¿Puedes decirme si has
colocado el paraguas a la derecha
o a la izquierda de las cholas?"
Tenno no supo responder y quedó confuso
se dio cuenta entonces de que no había
sido capaz de practicar la Consciencia
Constante. De modo que se hizo alumno
de Nan-in y estudió otros diez años hasta
obtener la Consciencia Constante.

El hombre que es constantemente consciente, el hombre que está totalmente presente en cada momento: ése es el Maestro.

Pero: ¿cómo lograr que esta “consciencia del presente pueda incorporarse de verdad en nuestra vida cotidiana? Pareciera que solo las personas que han estado al borde de perder la vida o que han pasado por situaciones extremas, sacan como aprendizaje de las mismas: “vivir el presente”, darle importancia a lo que realmente lo tiene y desechar muchas cosas que hasta ese momento le dábamos demasiada importancia y realmente no la tienen. Y en todo caso: ¿qué es la muerte? ¿Podemos llegar a comprenderla con nuestra mente? ¿Hay que comprenderla? ¿O simplemente es el opuesto de la vida, y tendríamos que tratar de comprender mejor nuestra vida? Y ¿cómo tratar de hacerlo, amén de puras disquisiciones filosóficas? ¿Nos ayuda la Filosofía a tener paz interior? ¿Qué pasa con la mente; no permite su estructura vivir felices y en paz con nosotros mismos y nuestro entorno? Para ello, es necesario en primer lugar  entender la estructura de la mente. En la medida en que más nos conozcamos a nosotros mismos en nuestro interior a través de la psicoterapia, y cultivemos nuestra vida espiritual, nuestro centro a través por ejemplo de la meditación, seremos más auténticos y únicos, alcanzando nuestra plenitud y felicidad. Se le atribuye al Buda histórico la máxima de que: “el dolor es inevitable; el sufrimiento es opcional”

sábado, 4 de septiembre de 2010

INTRODUCCIÓN

La idea de este Blog es compartir las inquietudes  acerca de la experiencia de varios años como psicoterapeuta de orientación clínica y dinámica y estudioso del Budismo Zen y cómo tratar de logar la paz interior en un mundo acelerado, amenazado constantemente por guerras y en mano de  clases políticas que definitivamente su mayor objetivo NO es el bien común.

 De qué y por qué sufrimos las personas? Qué nos aflije y cuales son las posibles aproximaciones en el trabajo de la paz interior, teniendo en cuenta nuestra esencia biológica, emocional y espiritual, serán principalmente los temas desarrollados en estos espacios que los avances tecnológicos bien utilizados nos proporcionan como herramientas de comunicación en el mundo actual.